¿Qué hace que una experiencia sea inolvidable? La ciencia detrás del recuerdo

Todos hemos vivido alguna experiencia inolvidable y otros momentos que, aunque bonitos, desaparecen de nuestra memoria con sorprendente rapidez.

A veces es difícil recordar qué hicimos hace dos fines de semana, pero podemos describir con detalle un viaje de hace diez años. ¿Por qué ocurre esto?

 

La emoción es la memoria de la experiencia inolvidable

Psicología y neurociencia llevan años estudiando qué hace inolvidable una experiencia y por qué no recordamos todos los momentos de nuestra vida con la misma nitidez.

El cerebro presta especial atención a lo que despierta emociones, ya sean positivas o negativas. Por eso nos resulta mucho más fácil recordar:

  • El primer concierto al que asistimos
  • Un viaje muy esperado
  • Una celebración importante
  • Una actividad que nos sacó de la rutina
  • Una experiencia compartida con personas queridas

Cuando una situación provoca ilusión, sorpresa o incluso nerviosismo, el cerebro activa mecanismos que favorecen la consolidación del recuerdo.

 

La novedad también deja huella

Uno de los mayores enemigos de la memoria es la rutina. Cuando todos los días son iguales, el cerebro almacena menos detalles porque no considera que haya nada relevante.

Sin embargo, las nuevas experiencias requieren prestar más atención. Aprender una actividad, visitar una ciudad desconocida o asistir a una espectáculo por primera vez obliga al cerebro a procesar más información. Esa mayor atención hace que sea más probable recordar lo vivido.

 

No es lo mismo observar que participar

Una experiencia inolvidable suele tener algo que la diferencia: nos convierte en protagonistas. No genera el mismo recuerdo ver un vídeo de un concierto que cantar en primera fila.

Tampoco es igual ver un programa de cocina que asistir a un taller gastronómico, ni ver una competición en la tele que apuntarse a una carrera.

Cuanto mayor es nuestra implicación, mayor número de sentidos participa y más fácil resulta que el cerebro conserve esa experiencia. Por eso muchas actividades de ocio buscan, precisamente, que el público sea parte de la experiencia.

 

Compartir multiplica los recuerdos

Las personas con las que vivimos la experiencia influyen enormemente en la memoria. Las actividades compartidas se recuerdan mejor que las que hacemos en solitario. 

Y esto no es porque sean más divertidas, o no solo, sino porque volvemos a hablar de ellas, compartimos fotos, recordamos anécdotas, comentamos detalles que en aquel momento habían pasado desapercibidos… Cada conversación refuerza el recuerdo y mantiene viva la experiencia durante más tiempo.

 

El tiempo también importa

Curiosamente, las investigaciones muestran que no siempre recordamos mejor las experiencias más largas. Un fin de semana intenso puede ser mucho más memorable que unas vacaciones de dos semanas donde todos los días fueron parecidos.

El cerebro no registra cada minuto con la misma importancia. Podemos explicarlo con lo que se conoce como la peak-end rule (regla del pico y el final), propuesta por el psicólogo Daniel Kahneman. El cerebro tiende a conservar los momentos que considera más significativos y aquellos con los que termina una experiencia. Por eso muchas veces recordamos un concierto por la emoción de la última canción o un viaje por los últimos días.

 

Crear recuerdos aumenta el bienestar

¿Sabías que, más allá de la diversión del momento, vivir experiencias distintas tiene un efecto positivo en el bienestar?

Muchas personas obtenemos una satisfacción más duradera al invertir en experiencias que en bienes materiales:

  • Los objetos terminan convirtiéndose en parte del paisaje cotidiano
  • Las experiencias se transforman en historias que contamos, fotos que observamos, recuerdos que siguen despertando emociones, etc.

Esto no significa que todos los momentos tengan que ser extraordinarios, sino que dedicar tiempo a actividad que rompan la rutina enriquece los recuerdos de nuestra vida.

 

La mejor experiencia no es la más cara

Tendemos a pensar que una experiencia inolvidable está siempre ligada a grandes viajes o acontecimientos excepcionales, pero nada más lejos. La ciencia demuestra que lo que marca la diferencia es una combinación de factores:

  • Emoción
  • Novedad
  • Participación
  • Interacción con otras personas

Una excursión improvisada o una tarde aprendiendo una nueva habilidad pueden convertirse en recuerdos mucho más duraderos que unas supervacaciones organizadas al detalle.

Al fin y al cabo, las experiencias inolvidables no siempre son las más espectaculares. Muchas veces son aquellas que consiguen sorprendernos, emocionarnos y sacarnos de la rutina diaria aunque solo sea por unas horas.